El antiguo nombre del pueblo era el de Vilella de Baix. Así se encuentra escrito en un libro de matrimonios de la Torre de l'Espanyol, del año 1712. Cuando se castellanizaron los nombres de los pueblos, durante la época de Felipe V, se le conoció como Vilella Baja y, posteriormente, al volver a traducirlo al catalán, quedó conocido como La Vilella Baixa. Aunque el origen del pueblo consta de la época de la dominación árabe, es muy probable que a causa de su situación privilegiada, dominando el valle del río Montsant, el lugar fuese habitado desde mucho antes.
Durante las guerras que antiguamente asolaron el Principado y hasta las luchas más contemporáneas (la invasión napoleónica y las guerras carlistas), la población se refugiaba por las noches, dentro del cerco amurallado, cerrando con llave el gran portal de entrada. Actualmente, este núcleo antiguo se conoce con el nombre de "carrer que no passa". En la memoria histórica del pueblo ha quedado grabado, como hecho memorable, el famoso aguacero de Santa Tecla, que se produjo el 23 de septiembre de 1874 cuando las aguas de los ríos pasaron por encima del puente y produjeron numerosas desgracias. |
|||||||||
La población celebra su fiesta local por Santa Quitèria, el 22 de Mayo. La Fiesta Mayor se celebra en la segunda Pascua. Y el 25 de Julio, San Jaime, tiene lugar la segunda fiesta local. Por lo que se refiere a la gastronomía, a parte de sus magníficos vinos tintos y blancos, son también tradicionales las cocas azucaradas con "saliandra" y "matafulga", que se encuentran en la "Cooperativa de consum" y el aceite de la zona, de DO Siurana. |
|||||||||
| Todo el pueblo de La Vilella Baixa forma un conjunto arquitectónico notable. Las calles empinadas, de poca anchura, y los singulares edificios dan fe de ello. El fuerte desnivel de la colina donde se encuentra situado el núcleo antiguo ha
obligado a construir casas de siete u ocho pisos, con la entrada principal en la cuarta o
quinta planta. Este hecho da al pueblo unas características únicas y singulares.
El "carrer que no passa" (la calle que no pasa), situado en una subida, con un antiguo portal de entrada, es sin duda lo más entrañable del pueblo.
La iglesia parroquial dedicada a San Juan Bautista pertenece al obispado de Tortosa y data del siglo XVIII. Y finalmente, destaca el magnífico puente románico, de tres arcos, que atraviesa las aguas de los ríos. Desde hace poco, el atractivo de este pueblo puede admirarse tanto de día como de noche, sobre todo desde lo alto del "Coll de l'ermità", ya que se han instalado en el pueblo luces de sodio, de color naranja, que por la noche llenan de vida las casas y calles del lugar. |
|||||||||
-
Asens, Joan.- Guia del Priorat, Edicions de la Llibreria de la |
|||||||||
| Ayuntamiento | Municipio | |||||||||